jueves, 29 de enero de 2015

Sentimientos mudos.

Cuando las caricias se quedaron de piedra, los susurros sordos y los besos mudos. Cuando ya no te percibía con ninguno de los seis sentidos (tampoco te notaba en el corazón). Fue cuando empecé a creer que las casualidades existían. Tú siempre mi infierno, nunca queriendo formar parte de mi paraíso. Yo siempre tan cerca, y tú poniendo océanos de distancia. Tanto y tan poco a la vez.

¿Cuándo dejamos de ser? ¿Cuándo dejaron nuestros corazones de latir al compás el uno del otro? Fueron tantas las cosas buenas, que ahora no son; pero siguen siendo, mis mayores miedos.
Fueron tantos los sentimientos, que ahora sólo me quedo con uno, apagado. Que me has tirado al mar de pies atados y sujetando los recuerdos con una mano.

Con la incertidumbre de si volverás o no, sin querer autoconvencerme de que hiciste las maletas y te marchaste para no volver, poniendo varios pasos de distancia por mi bien, o eso decías. Tóxico te gustaba llamarlo, amor lo llamaba Shakespeare. Sigo pensando que aquellos ojos color caramelo volverán, fue todo una pesadilla, me gusta decirle a mi corazón hambriento que pregunta por ti.

Con una copa en la mano y en la otra un cigarro porque de algo habrá que morir, y si no es de amor que sea de algún vicio más sano que éste. Esperando una llamada, un "¿Qué tal estás?", o simplemente para que me digas que ya te has olvidado de mí, y me des permiso para hacer yo lo mismo contigo. 

Siempre me gustaba escuchar a mi corazón. Supongo que tú sólo a tu cabeza. No quedan cenizas que intentar prender.

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